domingo, 19 de mayo de 2024

PÁNICO EN EL TREN



Señores viajeros, bienvenidos a bordo de este tren. Renfe les agradece su confianza. Les recordamos que está prohibido fumar a bordo.  Muchas gracias y buen viaje

Maldita ley antitabaco. Nunca comprenderé por qué tanta prohibición.  Antes se fumaba hasta en la consulta del médico y no pasaba nada. Resignado, me acomodo en mi asiento y cierro los ojos. Me quedan cinco horas de viaje por delante y estoy ya agotado. El susurro del viento al ganar el tren velocidad, invita a relajarme. A mi lado, una chica joven escucha música desde su móvil. Repaso mentalmente todo el equipaje. Espero no haberme olvidado de nada. La maleta de ropa con cuatro camisas y tres pantalones de tela, la chaqueta y los botines y mi arma reglamentaria. Aunque esté de vacaciones, debo llevarla encima. Bolsa de aseo, portátil y los regalos. Está todo.

Obtuve mi plaza en el CNP (Cuerpo Nacional de Policía) hará cinco años. En mis planes no estaba ser policía pero una novia que tuve me convenció. Decía que ser funcionario era la mejor opción laboral. Y la verdad, es lo mejor que pude hacer. Salario digno, buen ambiente  y horarios flexibles. Pude pedir destino en mi ciudad natal, Madrid. En una capital como aquella, trabajo no faltaba. Robos, accidentes, altercados, todo tipo de denuncias y una lista interminable de sucesos marcaban mi día a día.

El llanto de un niño me despertó de mi letargo. Sus pulmones parecían no tener fin. Me revolví en mi asiento buscando de nuevo postura. Sin querer toqué a la chica de al lado, pero me correspondió con una sonrisa. Me dispuse a retomar mi lectura. Estaba leyéndome un libro de misterio y fantasía. Y la verdad es que me estaba gustando mucho.  Tenía ganas ya de ver a Lola y sus hijos. Vivían en Donostia y aquella época del año era ideal para visitarles. Iríamos de excursiones por la costa. Lola era una gran amiga de la infancia.  Por motivos laborales emigró a Guipúzcoa y allí se quedó.

De repente, el tren para en seco. Pienso que es la típica parada que suelen hacer como control ferroviario, pero tardan más de lo normal. Entonces, todo el vagón escucha un gran revuelo en el vagón contiguo. Alarmados, los pasajeros comienzan a cuchichear. El interventor y otro operario de Renfe están parados a la altura del aseo. El cadáver de una mujer yace en el suelo. Me aproximo al interventor y me identifico como policía. Está pálido y muy nervioso. Le calmo y me ofrezco a hacer varias llamadas a los compañeros. Estamos entre Segovia y Valladolid.  Hablo con él conductor del tren y decidimos llegar a la estación más próxima. Le ruego que no deje bajar a nadie del tren. El asesino está a bordo y no podemos dejarle escapar.

El cadáver de la mujer presenta signos de ahorcamiento. ¿Cómo es posible que nadie haya oído nada? Las puertas de los aseos son bastante rudas pero el espacio es ínfimo.  A duras penas cabe una persona sola, como para poder asesinar a alguien con la puerta cerrada. ¡Qué barbaridad! No tengo mucho tiempo para pensar y mucho menos experiencia en este tipo de crímenes. Cierro las puertas de los vagones y me quedo solo en la puerta del aseo con el interventor y dos empleados. La mujer viajaba sola, tendría unos 35 años más o menos. Custodio su móvil. Indico a los empleados que eviten tocarla a ella y a las paredes. Cualquier punto de aquel escenario podría contener alguna huella. El arma homicida, o, mejor dicho, aquello que usó el asesino para ahorcarla, no estaba en la escena del crimen. Me dispongo a hacer varias llamadas. En cuestión de diez minutos un equipo de criminalística nos espera en la estación de Valladolid. Ante el nerviosismo de los pasajeros me hago con la megafonía y emito un mensaje de calma.Señores viajeros. Hemos sufrido un percance y debe intervenir la policía en él.  Les ruego tengan calma y estén atentos a nuevas indicaciones. Llegaremos a Valladolid en diez minutos. Por favor, no se bajen del tren hasta que se lo indiquemos

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Marisa pasa las hojas del periódico matinal lentamente. Inflación, nuevo caso de violencia machista, vuelta al cole y precios desorbitados en la cesta de la compra. Más de lo mismo. Cada día la misma historia. Próxima parada: Palencia. Levanta la cabeza y mira por la ventanilla. Hace un día espectacular. Sol mediano y viento fresco. Ideal. Espera encontrarse en Madrid un tiempo parecido. Viaja por temas de trabajo pero no le importa porque adora la ciudad. Aprovechará y se quedará allí el fin de semana. Fijo que se cuela en algún musical, espectáculo o actuación en vivo. En Madrid siempre hay algo que hacer. Se muere por un café, pero no quiere incomodar al chico que duerme en el asiento contiguo. Decide esperar. Dos chicas más jóvenes hablan sin parar en los asientos de atrás.  Marisa ya conoce al novio de una de ellas, el cual cuelga muchos vídeos en Instagram.  Se sabe hasta la canción  favorita de la pareja, una cuya letra no entiende pero el ritmo le gusta. Y de la otra amiga sabe que ha mentido a sus padres, que esta escapada es lo más para las dos. Aburrida de escucharlas, decide despertar al bello durmiente. Entre ronroneos se mueve para dejarla pasar. La cafetería está entre el vagón uno y dos. Ella está en el tres. Anda a contracorriente por el pasillo principal. Como puede y para no caerse, se va agarrando a los asientos del tren.  Le cuesta llegar a la cafetería pero al fin huele a café.  Menudo robo estos de Renfe. Paga y decide quedarse a tomarlo allí. Entonces un grito rompe el silencio. Sin saber que pasa se asoma al pasillo y ve a varias personas de pie en el vagón.  

— ¡Oh, Dios mío!. Una señora de mediana edad llora desconsolada.

— ¿Qué ocurre?.

— ¡Por el amor de Dios!. Le han rebanado el cuello.

Atónita, Marisa se echa encima el café. Se quema la tripa pero no siente nada. Está alucinada.

Enseguida acuden al vagón empleados del tren. Un trabajador de seguridad pide calma y que permanezcan en sus asientos. Un hombre acababa de ser asesinado en el aseo del vagón número dos.

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Dos cadáveres, una mujer ahorcada y un hombre degollado.  Ambos en un tren de larga distancia, sobre la misma hora y en trayectos justamente opuestos. Uno iba hacia Donostia desde Madrid y el otro viajaba de Donostia a Madrid. Claramente no era casualidad. Las víctimas no tenían ningún tipo de relación entre sí, en principio. Buscaban a más de una persona implicada en los crímenes ya que una sola persona era materialmente imposible que lo hiciera.

La agente Jota jugaba con sus mechones de pelo mientras miraba los atestados. El equipo de criminalística había tomado huellas en ambos aseos. También restos de lo que podía ser el arma homicida en el caso del hombre degollado. Muestras de pelo, huellas y restos de tejido. Ahora estaban a la espera de lo que determinaran las autopsias. Se habían registrado nombre y apellidos junto con cada billete de tren, de todos los pasajeros. No había ninguna discordancia en los billetes.

Marcus fue llamado por la agente Jota. Ella le agradeció su pronta actuación y la toma de mando del tren. Tras aquello, Marcus había cancelado sus vacaciones con Lola, puesto que los acontecimientos así lo exigían.

Le encantaba el físico de la agente. Era la típica mujer en la que se fijaría sin dudarlo. Tenía un tic curioso, y es que al hablar levantaba tan solo una ceja, lo cual hacían más creíbles sus palabras. Además,  tenía unos ojos espectaculares, color miel. Se sentía afortunado por haber recibido ese reconocimiento y quería pertenecer al caso hasta que se resolviera. Así se lo hizo saber a Jota.

   Yo creo que no deberíamos haber desalojado los trenes tan rápido.  De esa manera los homicidas han escapado fácilmente.

   No podíamos retener a los pasajeros por tiempo indefinido en el tren. Hay leyes que debemos respetar. Además tenemos identificados a cada uno de ellos.

La agente ahora se mordía el labio inferior. Gesto que puso nervioso a Marcus.

   En una hora tendremos los resultados de las autopsias. Espero que eso nos de alguna pista. Quédate con nosotros si quieres contribuir al caso.

Para hacer tiempo, fuimos a tomar un café de máquina en la comisaría. ¿Qué extraño motivo llevaría a alguien a asesinar de ese modo? Pregunta que ni uno ni otro podíamos responder.

Las autopsias determinaron, a parte de lo que ya se sabía, que tanto la mujer como el hombre habían forcejeado con su agresor. Encontraron en las uñas de ambos un material pesado, como plomo. Ahora tocaba investigar  a qué clase de ropa o vestimenta podía pertenecer. Aunque, ¿de qué serviría eso? Por mucho que descubrieran de que tejido es, no podían saber quién iba vestido así ese día. Pero, la cosa iba más allá. Esa clase de tejido también estaba presente en el equipaje del agresor, y en las cámaras del control de acceso a ambos trenes se podía apreciar dicho material.

Así que con los datos del laboratorio y las imágenes, empezaron las estadísticas.

Del acceso a Madrid sólo dos maletas tenían dichas partículas. Comprobaron el billete correspondiente a dichas maletas y solo tuvieron que, por descarte, renunciar a uno de los pasajeros.  Fue tarea fácil,  porque uno de ellos se había bajado en Segovia,  es decir, que en el momento del asesinato ya no estaba en el tren.

Del acceso a Donostia  fue un poco más complicado, porque al contrarrestar los datos hubo cuatro coincidencias. Pero al tener ya un pasajero sospechoso del acceso a Madrid, podían atar cabos.

Estaba siendo una tarde muy intensa para Jota y Marcus. Estaban muy cerca de resolver el crimen pero también muy agotados.

El sospechoso número uno, era un ciudadano polaco. El material que portaba en su maleta y en su ropa, era usado en el ejército.  Protegía de la lluvia y otros factores externos. La víctima se llamaba Elena Sartus, fue ahorcada con una soga. Dieron la orden de búsqueda.

En los posteriores días, se supo que Orson Paterson mataba a contrato. Es decir,  pertenecía a una mafia completamente estructurada. Habiendo pillado al primero, ya no tuvo ningún misterio descubrir al segundo asesino del tren. Pertenecían a la misma mafia y los datos de los billetes lo revelaron. 

Tanto Elena Sartus como la otra víctima fueron asesinados a cargo de sus exparejas, que casualmente estaban liadas una con otra. Es decir, habían contratado a estos matones para tal fin. Debían asesinar en un entorno poco común para no levantar sospechas. Eligieron ese día en concreto porque ambos cónyuges viajaban en direcciones opuestas. ¿Quién iba a pensar que tenían relación alguna?

 

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