domingo, 19 de mayo de 2024

LAS DELICIAS DE MARICARMEN



Nunca te habías atrevido.

Innovar es para ti un ejercicio se superación. “Lo harás bien, Mari Carmen”, te dices a tí misma.

Ayer compraste todos los ingredientes. Aquel día solo usarías el horno y poco más. O eso creías.

Sacas un bol, la batidora y el molde para el bizcocho. Si, hoy la cosa va de repostería. Nunca has hecho uno. Te surgen muchas dudas. Así que, buscas un tutorial en YouTube.  Colocas tu Smartphone en posición horizontal, apoyado encima de la cafetera a modo de televisor. Comienza la diversión. 

Cascas tres huevos y vacías un yogur griego con sabor caramelo sobre ellos. Los bates, primero a mano con una cuchara de palo y luego los rematas con la batidora. Lavas bien el envase del yogur porque te sirve de medida otra el resto. Al fregarlo te salpicas y manchas la camiseta. Se te ha olvidado ponerte el delantal. Fallo. Como si sirviera ahora ya de algo, te lo pones y anudas a la espalda.  Con el dichoso envase ya limpio, lo llenas de azúcar y lo viertes en la mezcla ya batida. Repites lo mismo otra vez. Remueves de nuevo. Ahora, según el tutorial, debes echar aceite de girasol con el envase del yogur. ¡Mierda!. No tienes de girasol  así que le echas de oliva, supones que dará lo mismo. Pero no, no es igual. El aceite de oliva es más fuerte y potenciará mucho el sabor. El caso es que a ti te da igual, y le das de nuevo meneo a la mezcla. Ahora viene el turno de la esencia de vainilla. En el tutorial le echan la rama, pero como tú ayer no encontraste en el súper,  le echas unos polvos que si que había y que ponía esencia de vainilla. Seguro que te queda mejor que a la pesada del tutorial. Vuelves a batir todo. Solo te falta la harina y la levadura. Entonces te das cuenta que no has encendido el horno. Tiene que precalentarse unos 20 minutos antes.

Bueno,  no importa. Metes la mezcla en la nevera y enciendes el horno. Te quitas el delantal y sales la terraza a fumarte un cigarrillo.  Aún queda cuarto de hora hasta que el horno esté caliente. Inhalas fuerte el humo, tus pulmones se llenan. Exhalas muy lentamente. Disfrutas cada calada al máximo.

Vuelta a la faena. Toca el turno de tamizar la harina. En este caso son tres medidas del envase del yogur, acordaros que era de caramelo, más la esencia de vainilla,  más el aceite de oliva. Una bomba de sabor. Para tamizar la harina, o espolvorear, que es lo mismo, usas un colador grande. Toquecito a toquecito la harina se desmenuza sobre tu mezcla ya batida. En la última medida de harina,  espolvoreas, antes de colarla, la levadura química.

Ahora si que sí. Bates con energía todo.  Mezclas con alegría cada gramito de ingredientes. El horno ya está en su punto, así que te apresuras a engrasar molde. Pero ¡Oh Dios mío!  También se te olvidó comprar la mantequilla. ¡Qué despiste!. Como eres una mujer de recursos, buscas en Google maneras de engrasar sin manteca. Y ya está.  Todo tiene solución.  Se puede engrasar con aceite de oliva, ¡claro!, ¿con qué si no?.

Bendito aceite, que para todo sirve.  Bajas la temperatura a 180 grados. Antes de meterlo al horno, viene tu secreto: unas gotitas de anís. Le dará un toque exquisito. Metes el molde con la mezcla y a esperar. 

 Eso de esperar no lo llevas bien. Como tienes unos cuarenta minutos por delante, discurres la manera de adornar tu bizcocho,  el cual seguro sale superesponjoso. Faltaría más. 

Abres los estantes en busca de virutas, almendra molida, o algo que te ayude a adornarlo. Pero siempre te falta algo, y hoy es el día apropiado para ello. Sin afán de encontrar nada, abres el último cajón de tu cocina y , ¡sorpresa!, una tableta de chocolate blanco aparece ante ti.

Pones un cazo con bien de agua al fuego. Cuando empieza a hervir, pones otro cazo encima y fundes el chocolate. Una sensación de olores inunda tu cocina. Tus jugos gástricos empiezan a jugar en tu estómago.

Llamas a tu mejor amiga y en lo más interesante de la conversación,  cigarrillo en mano, suena el reloj. Te despides apresuradamente. Cierras la puerta y la ventana, las corrientes no son buenas para un bizcocho caliente porque pueden hacer que merme. Al igual que los contrastes bruscos de temperatura. Así que abres hasta el primer tope, esperas unos minutos y luego ya abres del todo para que se temple.

Llega la hora del desmoldado. Paso difícil donde los haya. Debido al calor puede que el bizcocho se haya pegado. Confías plenamente en ti y en el poder del aceite. Y ¡Ale hop!, ¡el bizcocho está perfecto!

Solo te queda adornarlo con el chocolate . Con una cuchara lo viertes sobre él  al escurrirse queda una especie de dibujo de ondas que hace más interesante si cabe tu manjar.

 Estás hecha una cocinillas de primera.

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