domingo, 19 de mayo de 2024

EL SONOTONE MÁGICO



Me estoy quedando sorda. Genética me han dicho. Dos de mis tías lo son y a mi, pues me ha tocado. La verdad que si me paro a pensar, casi es mejor no oír lo que se dice a mi alrededor. En esta vida se hablan  muchas cosas innecesarias, superfluas, vacías de contenido. Para cuando sale una conversación decente, se han dicho miles de chorradas. Así que sí, me quedo sorda, pero me quedan más sentidos. Aunque un poco atrofiados, todo sea dicho. De la vista me he operado tres veces, tengo un ojo vago que decidía ir por libre. Para enderezarlo ha hecho falta tres intervenciones quirúrgicas de las cuales, al final, he quedado contenta. Pues eso, ojo rebelde y oído muerto. Un cromo de mujer soy. Aún así,  me enfrento a mi existencia con una sonrisa. Sonrisa que también me ha costado lo mío. A día de hoy llevo tres implantes dentales, un desembolso de unos seis mil euros. Casi nada. Vamos, que soy como Robocop, entre hierros en la boca y aparatos en el oído, solo me queda fulminar a la gente con algún rayo láser. Oye pues no estaría mal eso, a más de uno/a ya me habría cargado.

Y yo me pregunto , ¿es necesario tanta parafernalia para agradar a los demás? Más bien, es para agradarme a mí misma.  Porque sentirse bien es la base de todo lo demás.  Si estás agusto contigo misma, crece tu autoestima y tu manera de proceder. Los miedos se disipan si te empoderas. Todo es más fácil. Sobrellevar los problemas y hasta enfrentarse a los conflictos con otra mirada. La vida es más sencilla si la sabes manejar con soltura y para ello has de quererte. Por eso, todo lo que sea mejorar vale la pena. Pero volviendo a mi sordera, parece ser que es irreversible. Así que encargué un audífono, otros tropecientos euros. Todo sea por mi bienestar.

El día que fui a recogerlo llovía intensamente como es habitual en Donosti.  No sé si hay vida después de la muerte, ni de si todo este gasto sirve para prepararme para ella. Al fin y al cabo, cuando esté muerta, ni mis implantes, ni mi ojo, ni mi audífono me salvarán de tal soledad. Viva lo que viva, quiero hacerlo de la mejor manera posible. Porque si puedo disfrutar de mi existencia terrenal, eso que me habré llevado.

 Cuando me lo pusieron quedé asombrada. Podía escuchar hasta mi respiración y aunque parezca algo carente de contenido, para mí fue todo un hallazgo. Escuchaba todo nítido y claro.  Lo peor fue el desembolso. Estas cosas no están financiadas al 100% por la seguridad social, y baratas no son precisamente. Menos mal que gracias a mi padre, había ahorrado el año anterior. Él me supervisaba los gastos. Era como un tutor financiero. Aunque nunca dejó de ejercer de padre. Claro que era esa opción o tutelarme por el juzgado debido a otros problemas añadidos. Soy una mano rota y si no tomaban medidas iba en declive absoluto. Pues eso, lo pagué. Lo que yo no sabía es que aquel aparato venía con sorpresa. Con él podía escuchar hasta los mas profundos deseos de las personas. Una auténtica maravilla de la que podría sacar provecho.

El agua se me metía en los zapatos, tenía los calcetines húmedos y estaba muy incómoda. Decidí coger el autobús para volver a casa. Iba disfrutando de cada sonido, el graznar de las gaviotas, el mar al romper en la orilla, hasta que llegué a la parada. La gente guardaba fila en silencio. De repente escuché decir “ Vaya mierda de tiempo“. Miré a un lado y a otro, pero no supe adivinar quién lo había dicho. Y es que nadie había hablado. Me ajusté el volumen del aparato y entré al autobús. Cuando en la siguiente parada se subió una mujer cincuentona, descubrí que mi audífono tenía poderes. Aquella mujer saludó efusivamente a otra, “ Hola Conchi. Cuánto tiempo. Qué guapa estás “. Y a continuación la misma voz en off decía “ Qué horrible. Qué mal envejecer” . Asombrada, me percaté que solo yo podía escuchar esos pensamientos.  Fue como un regalo divino que se me había otorgado. Silenciosa me dediqué a escuchar atentamente a mi alrededor. Sentada junto a un chico joven descubrí sus miedos e inseguridades.  Él iba pensando en sus cosas y todas ellas se me revelaban con su voz en mi cabeza. Qué pena, tan joven y perdido, pensé. Me di cuenta de la falsedad de la gente. Nunca decimos lo que pensamos, solo adornamos nuestras palabras. “ Qué alegría verte”, cuando en realidad se piensa, ‘Uff, ahora ¿qué le cuento yo a esta? ”. Alucinaba con mi nuevo poder. Entre parada y parada me enteré de cosas que jamás hubiera imaginado saber.

Probé a usar mi poder con mi madre, pero parece que solo funciona en distancias cortas, porque en una llamada telefónica no conseguí saber lo que ella pensaba mientras me hablaba. Hubiera estado bien.  Hablar, mantener una conversación y saber en realidad qué es lo que la otra persona piensa. Alucinante.

Estoy deseando que llegue el lunes. Va a ser divertido probarlo en el trabajo.

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