domingo, 19 de mayo de 2024

EL SONOTONE MÁGICO 2

Mi sordera iba en aumento. Aquel sonotone que me vendieron, también.  Ya no sólo podía escuchar los pensamientos más íntimos de las personas, ahora me llegaban ápices del futuro. Lo descubrí el otro día, cuando estando de compras por la ciudad, mi sonotone me advirtió de que iba a llover. Y así fue. No es que fuera difícil que lloviera en Donosti, pero la voz en off que me lo dijo sabía ciertamente que iba a ocurrir. Intenté poner a prueba mi nuevo poder preguntando al aire cuál sería el número de la lotería del martes siguiente. No hubo contestación. Tal vez debía conocer mejor las pesquisas de mi audífono.

Entré en una tienda de ropa, y mirando unas blusas que no tenían precio, escuché 19,95 euros. Estaba alucinada. Pregunté a la dependienta y efectivamente ese era su precio. La voz en off seguía mandándome datos que a veces no tenían sentido. Que si arroz con setas,  números de biopsias aleatorios, y un montón de datos que a priori yo no sabía enlazar. Al pasar los días me daba cuenta que aquellos datos eran producto del día a día. Efectivamente el lunes comí arroz con setas en el menú de la cafetería del hospital donde trabajaba. El martes se extraviaron dos biopsias en mi laboratorio, y gracias al chivatazo de los números,  pude localizarlas. Mis compañeros alucinaban conmigo, ¿cómo sabía yo todo eso?

Tenía un poder extraordinario y debía sacar provecho de eso. Mi mejor compañera y amiga me preguntó si tendría niño o niña, estaba embarazada. Lógicamente le dije que niña y acerté. Era una vidente real gracias a mi sonotone mágico. Todos me preguntaban cosas y yo les iba resolviendo dudas. Que si el coche se me ha averiado y no sé qué puede ser, que si podía resolver dónde había dejado las llaves de casa, etc…

Todo eran ventajas, pero me estaba empezando a agobiar con tanta adivinanza. Si supiera sacar partido a todo esto para mí propio bienestar, sería ideal.

Por más que preguntaba por los números del euro millón, nunca obtenía respuesta. Mi audífono solo me revelaba cosas cotidianas, sucesos habituales.

“El niño del jersey verde será  atropellado por el Ford gris metalizado”. En ese momento un crio con un jersey así pasó rápido a mi lado. El semáforo estaba en rojo para los peatones, pero él se lanzó a la carretera.  En un acto reflejo le alcancé y un coche freno en seco delante nuestra. Le acababa de salvar la vida. Me sentía orgullosa por ello, pero no quería seguir con eso. Preferiría no saber mi futuro inmediato y dejar que las cosas pasaran sin más. Saber a cada momento lo que iba a ocurrir me atormentaba. En casa de mi madre, mientras ella cocinaba, salvé que la olla de cocido no acabara en el suelo por un traspiés de mi madre. La voz en off me informaba de todo. Y yo empezaba a estar harta.

Así que un buen día salí de casa sin mi audífono. Iba tranquila, sosegada, pero no oía nada. Ni siquiera el murmullo de la ciudad, con los motores de los coches, el cantar de los pájaros,  nada. Tampoco era cuestión de vivir así. No sabía qué hacer. Sorda perdida no llegaría muy lejos.

Pensé en cambiar el aparatito mágico, pero al decir que escuchaba voces que me adivinaban el futuro, creerían que estaba loca. Y un poco sí lo estaba. No quería acabar atada a una cama, así que me acostumbré a mis dotes adivinatorios.

Saqué partido de eso y ahora me puedes encontrar en un portal de Internet llamado “Futuro instantáneo”. Allí resuelvo toda clase de dudas. Suelo disfrazarme con pañuelos y extravagantes pendientes. No solo te adivino el futuro, también teatralizo las situaciones. Tengo ya miles de visitas diarias, soy toda una influencer. Te espero.

 

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