Entré en una tienda
de ropa, y mirando unas blusas que no tenían precio, escuché 19,95 euros.
Estaba alucinada. Pregunté a la dependienta y efectivamente ese era su precio. La
voz en off seguía mandándome datos que a veces no tenían sentido. Que si arroz
con setas, números de biopsias
aleatorios, y un montón de datos que a priori yo no sabía enlazar. Al pasar los
días me daba cuenta que aquellos datos eran producto del día a día.
Efectivamente el lunes comí arroz con setas en el menú de la cafetería del
hospital donde trabajaba. El martes se extraviaron dos biopsias en mi
laboratorio, y gracias al chivatazo de los números, pude localizarlas. Mis compañeros alucinaban
conmigo, ¿cómo sabía yo todo eso?
Tenía un poder
extraordinario y debía sacar provecho de eso. Mi mejor compañera y amiga me
preguntó si tendría niño o niña, estaba embarazada. Lógicamente le dije que
niña y acerté. Era una vidente real gracias a mi sonotone mágico. Todos me
preguntaban cosas y yo les iba resolviendo dudas. Que si el coche se me ha
averiado y no sé qué puede ser, que si podía resolver dónde había dejado las
llaves de casa, etc…
Todo eran ventajas,
pero me estaba empezando a agobiar con tanta adivinanza. Si supiera sacar
partido a todo esto para mí propio bienestar, sería ideal.
Por más que
preguntaba por los números del euro millón, nunca obtenía respuesta. Mi
audífono solo me revelaba cosas cotidianas, sucesos habituales.
“El niño del jersey
verde será atropellado por el Ford gris
metalizado”. En ese momento un crio con un jersey así pasó rápido a mi lado. El
semáforo estaba en rojo para los peatones, pero él se lanzó a la
carretera. En un acto reflejo le alcancé
y un coche freno en seco delante nuestra. Le acababa de salvar la vida. Me
sentía orgullosa por ello, pero no quería seguir con eso. Preferiría no saber
mi futuro inmediato y dejar que las cosas pasaran sin más. Saber a cada momento
lo que iba a ocurrir me atormentaba. En casa de mi madre, mientras ella
cocinaba, salvé que la olla de cocido no acabara en el suelo por un traspiés de
mi madre. La voz en off me informaba de todo. Y yo empezaba a estar harta.
Así que un buen día
salí de casa sin mi audífono. Iba tranquila, sosegada, pero no oía nada. Ni
siquiera el murmullo de la ciudad, con los motores de los coches, el cantar de
los pájaros, nada. Tampoco era cuestión
de vivir así. No sabía qué hacer. Sorda perdida no llegaría muy lejos.
Pensé en cambiar el
aparatito mágico, pero al decir que escuchaba voces que me adivinaban el
futuro, creerían que estaba loca. Y un poco sí lo estaba. No quería acabar
atada a una cama, así que me acostumbré a mis dotes adivinatorios.
Saqué partido de eso
y ahora me puedes encontrar en un portal de Internet llamado “Futuro
instantáneo”. Allí resuelvo toda clase de dudas. Suelo disfrazarme con pañuelos
y extravagantes pendientes. No solo te adivino el futuro, también teatralizo
las situaciones. Tengo ya miles de visitas diarias, soy toda una influencer. Te
espero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario