domingo, 19 de mayo de 2024

GOTA A GOTA

 



El goteo era incesante. Como un bucle que no acaba de culminar.

Aquel grifo lleno de cal me martirizaba todas las noches. “Algún día tendré que cambiarlo”, pensé. Me di la vuelta en la cama y cerré de nuevo los ojos. Pero era una tortura. Cada gota emitía un sonido más hueco, más profundo. Dentro de mi cabeza se oía hasta el eco de cada gota al caer, como un sinfín de pequeñas notas musicales mal coordinadas. Vencida, me levanté.  Eran las cinco de la madrugada. Aún quedaban dos horas para comenzar el día. Puse en marcha la cafetera mientras intentaba sin éxito cerrar el maldito grifo.

Sonó la puerta. Me tiré el café encima del susto. “ Eran las cinco y media, ¿Quién iba a llamar a esas horas? “. Me aproximé a la puerta de entrada, miré por la mirilla. No vi a nadie pero el descansillo estaba iluminado. Suspiré y me hice otro café. Cuando estaba metiendo la taza en el microondas volvió a sonar el timbre. Volví a la puerta. Hasta donde alcanzaba mi vista seguía vacío el descansillo. Esta vez pregunté quién era. No hubo contestación.  Empecé a acojonarme. No iba a abrir la puerta así como así. Entonces sonó el timbre de nuevo. Esta vez dos veces. Y golpearon la puerta de manera violenta, dos, tres, hasta cuatro veces seguidas. Estaba temblando de miedo. No me atrevía a mirar de nuevo a través de la mirilla. Decidí darme una ducha matutina para tranquilizarme. Con el sonido de los golpes en mi puerta aún resonando en mi interior, me desnudé. Una vez dentro, con el agua tibia cayendo sobre mí, me pareció oír de nuevo el timbre. Hice caso omiso. La mampara y el vaho me impedían ver más allá del baño. Salí y me sequé con suavidad. Cuando alcé la cabeza encontré en el espejo del baño la palabra KILL escrita. Entonces si que me bloqueé. Miré a todos los lados posibles y existentes. Me quedé paralizada. Alguien más estaba en mi estudio.

El goteo era incesante. Como un bucle que no acaba de culminar.

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