|
|
|
|
Estoy gorda, sí. Me ha costado mucho llegar a un nivel de
aceptación considerable. Pero no es fácil. Ni aceptarse, ni vivir con tantos
kilos de más. Mi reflejo en el espejo no me corresponde. Yo no soy esa imagen
que veo ahí, tan pancha, mirándome. No puedo obviar la realidad, esquivar mi
propia mirada hacia el rechazo que me produce mi cuerpo. Es odioso, pero
certero y tengo que vivir con eso.
Tolerancia y respeto es lo más humano que
debemos transmitir y dar. En los demás y con nosotros mismos.
El sonido de una notificación me despierta
de mis penosos pensamientos. Se trata del email semanal del taller. En él están
los textos de mis compañeros y el mío. Escribir para mí es una vía de
escapatoria a mi pretenciosa vida. Al igual que leer. Ahora me estoy leyendo un libro de autoayuda
más que interesante. “Encuentra tu persona vitamina” de Marian Rojas.
Me rechazaron en varios trabajos por mi
obesidad. La imagen que querían, distaba mucho de la que yo ofrecía. Cuerpos
esculturales, pechos firmes, nalgas prominentes. Nada que yo pudiera poseer. Lo
más inhóspito es que eran trabajos para comercializar productos para mujeres,
bien fuera ropa y complementos, como productos de cosmética. ¿Pretenden vender
sabiendo que no representan a la mayoría de las mujeres?. Quien más quien menos
tiene algo de celulitis, piel seca, cabello graso o simplemente kilos de más. Yo
no exijo gustar, ni siquiera exijo que me acepten, tan solo exijo dignidad e
igualdad de oportunidades.
La verdad que a mis 41 años ya lo he
probado todo. Dietas, ejercicio. Y, bien
es verdad, que la gordura siempre ha estado en mí. Sea mi metabolismo, mi carga
genética lipoidea o llámalo x, nunca he conseguido mi peso ideal. Y por mucho
que me torture o culpabilice, no consigo nada así. Soy como soy, tengo lo que
tengo y doy lo que doy. No hay más. Pero las gordas no somos gordas por placer
ni queremos que se lastimen de nosotras.
Tras diez minutos para poder abrir el
email, luce en la pantalla ante mí, la carpeta de los textos. Si sigo con esta
compañía de teléfonos y su wifi supersónico, tal vez ni pueda asistir al taller
el jueves. Ese día disfrutamos de una charla amena y distraída. Como solo se me
ve de cintura para arriba, suelo estar bastante cómoda en las clases. Otra cosa
sería que tuviera que posar y andar de un lado a otro.
Me dispongo a leer los textos mientras el
ordenador y la conexión me lo permitan. Esta semana hemos escrito sobre algo
“surrealista”. Yo me he inventado un mundo futurista donde mi personaje es
abducido mediante el aire condicionado de su casa. Es genial escribir, porque
te da la posibilidad de ser quien quieras ser. Mira, en este caso me alegro de
ser gorda. Yo no podría ser abducida por los tubos del aire acondicionado. Simplemente
no entraría.
Tremendos problemas. Soluciones prácticas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario