domingo, 19 de mayo de 2024

LA PASIÓN DE TINDER



La llave del auto colgaba de la puerta principal de la entrada.  Unos metros más al este, se hallaba el vehículo de Marta Ezkurra, con las puertas entreabiertas. En su interior, yacía el cadáver de Marta.

Sarah Ferguson como cada mañana a las diez, corría por el barrio al son de su cantante preferido: Dani Martín. Corría midiendo bien sus pulsaciones, sin ahogarse, a un trote moderado. Pasó por delante del coche y por delante de la casa de Marta, pero no prestó atención a lo acontecido.

Cuando la policía llegó al escenario del crimen, vieron una pistola. Se encontraba a escasos metros del coche y aún estaba caliente. La metieron en una bolsa de plástico transparente y la llevaron a analizar. Marta había fallecido  por un disparo en la sien izquierda.

Eran muchos los sospechosos del siniestro crimen, pero pocos los verdaderamente culpables. Marta vivía sola en aquella casa. Era soltera y muy feliz.  Pero sus continúas citas con diferentes hombres la ponían en peligro. Al principio no dudaba en contar a sus amigas con quién, cuándo y cómo quedaba con tal persona. Luego, se confió. No avisaba a nadie de con quién iba. Los portales de citas preferidos para quedar con hombres eran Badoo y Tinder. Una manera cómoda de conocer gente. A tiro hecho, a mesa montada. Miles de perfiles en los que buscar a su hombre ideal.

Markel, 43 años. Autobusero de la línea 5, Canillejas. Tenía aficiones un poco extremas. Le gustaba la caída libre, el barranquismo y los paracaídas. Quedó con ella un fin de semana antes de que encontraran el cuerpo en el coche. Estuvieron viendo una película en Netflix hasta que se dieron cuenta que era muy tarde…

Daniel, 44 años. Calvo y con barba de color castaño. Trabajaba en una fábrica de muebles. Fue divertido quedar con él.  Sus ocurrencias le hicieron reír a un nivel Dios de alegría. Lo pasó muy bien en su compañía dos días antes de su muerte.

Paolo, 41 años. Italiano afincado en Madrid. Era profesor en un colegio de secundaria. Su acento le cautivó, se quedaba ensimismada escuchándole. Fueron al cine a ver La sociedad de la nieve. Marta acabó llorando, muy afectada y él la calmó con un beso.

Roberto, 45 años. Divorciado y con una hija. Había vuelto a casa de su madre porque entre la manutención de la cría, hipoteca con su expareja y múltiples gastos, no le daba para vivir. Normalmente Marta huía de casos parecidos a este.  Porque al final son todo problemas que a ella ni le van ni le vienen. Pero bueno, le dio una oportunidad.

Y así, una lista interminable de hombres que habían quedado con ella. Pero si repasamos su historial también había unos cientos más con los que había mantenido largas conversaciones. No se puede descartar la autoría de alguno de ellos por el simple hecho de no haber quedado con ella. Es fácil saber dónde estaba en cada momento. La propia página de citas en cuestión dispone de un radar de geolocalización para saber si tu pretendiente se encuentra cerca de ti, o no. También se puede saber, a parte de las conversaciones explícitas, quién te tiene bloqueada. Es curioso, porque este dato fue un hallazgo puntero en la investigación de su muerte. Se pudo saber a un click de distancia que Daniel le bloqueó justo el día después de su cita. Con lo bien que lo pasaron, nada parecido podría imaginarse de él. Así que lo localizaron y le hicieron un sinfín de preguntas.  Pero ninguna le incriminaba directamente.  El italiano desapareció del mapa tras el beso dulce que le dio. Ni siquiera la policía lo pudo localizar. Extraño sin duda.

El análisis de la pistola no dio datos concluyentes. La usaron con guantes y silenciador. Así que, la policía tenía poco en lo que investigar.

Una vecina les contó que la noche anterior vio a un tipo bien vestido entrar en casa de Marta. Supuestamente era la última persona que la vio con vida. Intentaron mediante inteligencia artificial y las descripciones de la vecina, reconstruir el retrato robot de dicha persona. Compararon el retrato con las fotos de los perfiles de Tinder y ¡Bualá!, resultó ser coincidente con Roberto, el hombre recién divorciado. Pero no sólo eso, además habían encontrado esmalte de uñas en la ropa de Marta, como si hubiera forcejeado con alguien antes de morir. Estaba claro que alguna pista más tenían, solo debían atar cabos.

Al funeral de Marta asistió mucha gente: compañeros de trabajo, amigos y familiares. Era muy querida en Coslada, pueblo que la había visto crecer y prosperar. Daniel aguardaba en la distancia tras unos matorrales. A pesar de haberla bloqueado por varías inseguridades, tenía un bonito recuerdo de ella. La madre de Marta estaba rota de dolor. Cuando el funeral concluyó, el cielo se encapotó y comenzó a llover.

A dos manzanas de allí, Sarah Ferguson se repasaba las uñas en su dormitorio, cuando en la pantalla de su móvil, recibió una llamada de Roberto, su expareja.

 

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