La llave del auto colgaba de la puerta principal de
la entrada. Unos metros más al este, se
hallaba el vehículo de Marta Ezkurra, con las puertas entreabiertas. En su
interior, yacía el cadáver de Marta.
Sarah Ferguson como cada mañana a las diez, corría
por el barrio al son de su cantante preferido: Dani Martín. Corría midiendo
bien sus pulsaciones, sin ahogarse, a un trote moderado. Pasó por delante del
coche y por delante de la casa de Marta, pero no prestó atención a lo
acontecido.
Cuando la policía llegó al escenario del crimen,
vieron una pistola. Se encontraba a escasos metros del coche y aún estaba
caliente. La metieron en una bolsa de plástico transparente y la llevaron a
analizar. Marta había fallecido por un
disparo en la sien izquierda.
Eran muchos los sospechosos del siniestro crimen,
pero pocos los verdaderamente culpables. Marta vivía sola en aquella casa. Era
soltera y muy feliz. Pero sus continúas citas
con diferentes hombres la ponían en peligro. Al principio no dudaba en contar a
sus amigas con quién, cuándo y cómo quedaba con tal persona. Luego, se confió.
No avisaba a nadie de con quién iba. Los portales de citas preferidos para
quedar con hombres eran Badoo y Tinder. Una manera cómoda de conocer gente. A
tiro hecho, a mesa montada. Miles de perfiles en los que buscar a su hombre
ideal.
Markel, 43 años. Autobusero de la línea 5, Canillejas.
Tenía aficiones un poco extremas. Le gustaba la caída libre, el barranquismo y
los paracaídas. Quedó con ella un fin de semana antes de que encontraran el
cuerpo en el coche. Estuvieron viendo una película en Netflix hasta que se
dieron cuenta que era muy tarde…
Daniel, 44 años. Calvo y con barba de color
castaño. Trabajaba en una fábrica de muebles. Fue divertido quedar con él. Sus ocurrencias le hicieron reír a un nivel
Dios de alegría. Lo pasó muy bien en su compañía dos días antes de su muerte.
Paolo, 41 años. Italiano afincado en Madrid. Era
profesor en un colegio de secundaria. Su acento le cautivó, se quedaba
ensimismada escuchándole. Fueron al cine a ver La sociedad de la nieve. Marta
acabó llorando, muy afectada y él la calmó con un beso.
Roberto, 45 años. Divorciado y con una hija. Había
vuelto a casa de su madre porque entre la manutención de la cría, hipoteca con
su expareja y múltiples gastos, no le daba para vivir. Normalmente Marta huía
de casos parecidos a este. Porque al
final son todo problemas que a ella ni le van ni le vienen. Pero bueno, le dio una
oportunidad.
Y así, una lista interminable de hombres que habían
quedado con ella. Pero si repasamos su historial también había unos cientos más
con los que había mantenido largas conversaciones. No se puede descartar la
autoría de alguno de ellos por el simple hecho de no haber quedado con ella. Es
fácil saber dónde estaba en cada momento. La propia página de citas en cuestión
dispone de un radar de geolocalización para saber si tu pretendiente se
encuentra cerca de ti, o no. También se puede saber, a parte de las conversaciones
explícitas, quién te tiene bloqueada. Es curioso, porque este dato fue un
hallazgo puntero en la investigación de su muerte. Se pudo saber a un click de
distancia que Daniel le bloqueó justo el día después de su cita. Con lo bien
que lo pasaron, nada parecido podría imaginarse de él. Así que lo localizaron y
le hicieron un sinfín de preguntas. Pero
ninguna le incriminaba directamente. El
italiano desapareció del mapa tras el beso dulce que le dio. Ni siquiera la
policía lo pudo localizar. Extraño sin duda.
El análisis de la pistola no dio datos
concluyentes. La usaron con guantes y silenciador. Así que, la policía tenía
poco en lo que investigar.
Una vecina les contó que la noche anterior vio a un
tipo bien vestido entrar en casa de Marta. Supuestamente era la última persona
que la vio con vida. Intentaron mediante inteligencia artificial y las
descripciones de la vecina, reconstruir el retrato robot de dicha persona. Compararon
el retrato con las fotos de los perfiles de Tinder y ¡Bualá!, resultó ser
coincidente con Roberto, el hombre recién divorciado. Pero no sólo eso, además
habían encontrado esmalte de uñas en la ropa de Marta, como si hubiera
forcejeado con alguien antes de morir. Estaba claro que alguna pista más tenían,
solo debían atar cabos.
Al funeral de Marta asistió mucha gente: compañeros
de trabajo, amigos y familiares. Era muy querida en Coslada, pueblo que la
había visto crecer y prosperar. Daniel aguardaba en la distancia tras unos
matorrales. A pesar de haberla bloqueado por varías inseguridades, tenía un
bonito recuerdo de ella. La madre de Marta estaba rota de dolor. Cuando el
funeral concluyó, el cielo se encapotó y comenzó a llover.
A dos manzanas de allí, Sarah Ferguson se repasaba
las uñas en su dormitorio, cuando en la pantalla de su móvil, recibió una
llamada de Roberto, su expareja.

No hay comentarios:
Publicar un comentario